La Inulina es una de las fibras dietéticas más ampliamente estudiadas, con más de 3.500 publicaciones clínicas y científicas que documentan sus beneficios prebióticos, miméticos de grasa y metabólicos. Resiste la digestión en el tracto gastrointestinal superior debido a sus enlaces glucosídicos beta-(2,1), que las enzimas digestivas humanas no pueden hidrolizar, alcanzando el colon donde es fermentada selectivamente por la microbiota beneficiosa. Las variantes de cadena corta (DP 2-10, oligofructosa) y de cadena larga (DP 10-60) cumplen diferentes funciones: la cadena corta impulsa una fermentación rápida y el dulzor (~35% respecto a la sacarosa), mientras que la cadena larga aporta textura cremosa, propiedades miméticas de grasa y formación de gel.
La inulina aporta 1,5 kcal/g, aproximadamente el 40% de la densidad calórica de la sacarosa. Está aprobada como ingrediente alimentario bajo FDA GRAS (GRN 118, 186), declaraciones de salud de EFSA de la UE para la función intestinal, y se reconoce como fibra dietética por la FDA 21 CFR 101.9. Las aplicaciones típicas aprovechan su efecto prebiótico (2,5-10 g/ración) o la sustitución de grasa/azúcar (hasta el 10% de la formulación).